Hoy me tocó en la oficina. Estaba yo trabajando arduamente como de costumbre, cuando mi compañera Mariela me pidió cambiar de lugar, cosa que yo acepté. Tomé mi netbook y mi libro y realizé rápidamente la mudanza de escritorio.
Luego de un rato me moví para acomodarme. Me impulsé hacia adelante en mi silla, que para mi sorpresa, no se movió en absoluto. Me moví otra vez, con el mismo resultado. Miré alrededor, a ver si había algún cable u objeto que estuviera bloqueando las patas de la silla. Para este momento tenía la atención de todo el departamento debido a mis ademanes.
Y entonces me di cuenta de que mi silla no se movía porque no tenía rueditas.

1 comentario:
ja, ja, ja...
Shido we pero, tampoco es una estupidez.
A todos nos pasa y mas si estamos acostumbrados ya a un tipo de silla.
Una abrazo.
Publicar un comentario